Violencia, ¿de quién es la culpa?

A propósito del enésimo incidente entre barras, tan asqueroso como los anteriores, más mediático por la grabación de la cobarde pedrada contra un ser humano indefenso, no faltan en redes sociales los comentarios anti-fútbol, como si el frío estuviese en las cobijas.

¿Es culpa del deporte rey que en décadas anteriores altos mandos de la nación, codiciosos, corruptos, imbéciles (o todas las anteriores), abandonaran la tradicional gestión al estilo costarricense para entregarles (¿venderles?) las llaves del país a los más poderosos y fríos intereses económicos?

¿Es responsabilidad del balompié todo lo que se desató después de permitir que los ajustes estructurales impuestos desde el exterior nos castigaran como un tiro libre sin barrera?:

- Ensanchamiento exponencial de la brecha socioeconómica.

- Incremento de la pobreza de muchos y de la riqueza de pocos.

- Inflación, desempleo, resentimiento, criminalidad... inseguridad.

Y todos los etcéteras que quiera agregarle (deterioro de la infraestructura, narcotráfico, deserción escolar). Costa Rica se sumió por decisión de aquellos "cerebros" y sus "ideotas" en la cloaca de la globalización, ingresando en el grupo nada selecto de los muchos países pobres cada vez más empobrecidos.

Todos los planes de finales de los 70s, los que pretendían blindar al país (fomento de la agricultura de autoabastecimiento, defensa de la soberanía marítima para convertirnos en potencia mundial en producción marina bajo estándares sostenibles, incursión junto con Brasil en el plan para generar etanol con el consecuente ahorro en factura petrolera, sin dependencia de imposiciones foráneas)... todo, todo, todo eso y más se derrumbó.

Y los dedos deben apuntar a aquellos mandos mezquinos, avaros, brutos (o las tres anteriores), porque el resultado de sus desaciertos fue el caldo de cultivo que hoy germina en casas, calles y, sí, lógico, también en los estadios. La violencia. Es entonces que sale embarrado el fútbol, cuya violencia es materializada por esas lacras hediondas que conforman las barras, pero que son solo una gotilla coyuntural en un océano de putrefacción estructural.

Claro que en el microcosmos dentro de la gotilla hay reflejos de todo lo anterior, la descomposición social: jugadorcitos que se prestan para burlar pagos a la seguridad social, dirigenticos y tecniquitos que se hacen de la vista gorda cuando les regalan partidos y hasta campeonatos, pero que hacen rabietas de mocosos malcriados cuando les dizque roban, periodistillas que denigran la profesión al informar y opinar según los colores de su equipo y un millón de etcéteras. 

Pero el fútbol en sí, ese arte que engloba tanto alrededor de un balón, estética, estrategia, pasión y emoción, no tiene la culpa de nada. Querer manchar la bola es lanzar una bomba de humo.