¿Qué diablos importa que el ''Machillo'' sea defensivo?

Soy y siempre he sido confeso admirador del "Cate-Macho", el catenaccio criollo patentado por Óscar Ramírez.

Consta en páginas impresas y virtuales que mis críticas al "Machillo" como seleccionador nacional nunca fueron por su corte defensivo, sino por todo lo contrario: por lo mal que le fue cuando quiso mover su autobús blindado para jugar ofensivo, como queriéndole demostrar a sus detractores que no es defensivo.
Detesté cuando jugó con línea de cuatro y un solo contención -dizque para atacar más-, en particular en aquel 4-0 ante EEUU en Copa América Centenario. Empero, tampoco me convenció cuando, con ese mismo sistema, venció a Haití y Jamaica en Costa Rica, pese a sacar las victorias. Ante esos elencos de menor fuste, la "Sele" dio visos de vulnerabilidad que, afortunadamente, Ramírez detectó y enterró (¿para siempre?), para volver al esquema que históricamente más alegrías le dio a Costa Rica (Italia 90, eliminatorias 2001, Brasil 2014): 1-5-2-2-1.
Desde que era asistente técnico del Saprissa campeón de Concacaf y tercer lugar del Mundial de Clubes, aquel que se defendió con uñas y dientes ante Monterrey y Pumas para competir con centros a Saborío y pelotazos a Alemán, y desde que era DT de la apodada por los envidiosos como Liga "Defensiva" Alajuelense (pentacampeona), el sello de Ramírez ha sido la solidez en zaga. Punto. Y, desde luego, el estudio obsesivo, pixel por pixel, de las vulnerabilidades del rival para atacarlo sin ablandarse.
Y así tiene que seguir, desoyendo las voces de la ignorancia que ladran para que Costa Rica pretenda ganar al estilo brasileño o alemán, siendo que no hay que inventar el agua tibia: Costa Rica encontró su estilo propio y ganador en Italia 90, lo redescubrió en Brasil 2014 y casi lo extravía post Pinto, pero con "Machillo" tiende a recuperarlo.
El 4-4-2 es perfectamente válido, pero como recurso para variar sobre la marcha, tal como hizo contra México, cuando viéndose en desventaja tuvo que modificar la estructura. El riesgo vale, pero, como todo riesgo, implica al mismo tiempo dos vías: la gloria y el barranco; incrementar ataque es exponerse a la contra, lo cual, desde ningún punto de vista, es recomendable desde el comienzo de un partido.
Óscar, por favor, que le resbale que le digan que mete el bus, porque lo importante es irnos aunque sea en ese transporte público a Rusia... Y que no se le ocurra querer írsele encima a Honduras, queriendo jugar de piloto de fórmula 1, porque eso es lo que espera Jorge Luis Pinto para hacer chatarra nuestras aspiraciones de clasificar el próximo 6 de octubre.
¡A Rusia, aunque sea en bus! ¿Y qué diablos importa que el "Machillo" sea defensivo?... ¿No es ese el énfasis táctico que le ha deparado las mayores alegrías a Costa Rica?