¿Es obligatorio mantener en su puesto al DT que logra la clasificación a un mundial?

Marvin Rodríguez fue el primer técnico que clasificó a Costa Rica a un mundial mayor de fútbol, pero no dirigió en Italia 90 porque fue sustituido tan solo tres meses antes por el serbio Velibor "Bora" Milutinovic.

A la postre, Costa Rica hizo un debut que sorprendió al mundo, al clasificarse a los octavos de final tras derrotar y eliminar a Suecia y Escocia. El triunvirato Isaac Sasso, Hermes Navarro y Fabio Garnier derrocó a Longino Soto y, con él, también hizo rodar la cabeza de don Marvin. Simplemente, consideraban que Rodríguez, exitoso en el ámbito centroamericano, no tenía el cartel internacional que se requería para afrontar la justa italiana. A la postre, el tiempo le dio la razón con el estratega europeo.
Un timonel formado en Costa Rica, Alexandre Guimaraes, logró los boletos para los mundiales de 2002 y 2006 al mando de una generación considerada por muchos como más brillante que la actual, con figuras como Wanchope, Gómez, Fonseca, Parks, López, Centeno, Solís, Wright, Martínez y otros, pero no superó la primera ronda. Quizá "Guima" cayó en la tentación de jugar más ofensivamente de lo que le convenía al equipo.
Hacia Brasil 2014, el exigente técnico colombiano, Jorge Luis Pinto, campeón en su país, Perú, Venezuela y Costa Rica, con estudios universitarios en Brasil y Alemania, no solo consiguió la clasificación, sino que llevó a la Tricolor hasta los cuartos de final de la copa, de la que se despidió invicta luego de sucumbir en los penales contra Holanda.
Hoy, un técnico costarricense, formado acá, nos guía a nuestra quinta justa mundialista. ¿Se ha ganado la confianza total o podría aplicársele un "Borazo", como el sufrido por Rodríguez hace 27 años?
Óscar Ramírez es un técnico exitoso. Lo demuestran sus números, que, por más fríos que sean, no mienten. Sin embargo, a la vez es tiro al blanco de críticas, fundadas e infundadas, debido a su patentado "Cate-Macho", su versión criolla del catenaccio italiano.
Basta con dales un vistazo a las redes sociales. Desde comentarios de alborozo total, de gratitud y de apoyo para "Machillo", hasta todo lo contrario.
Un cibernauta del Facebook de Columbia Deportiva escribió "la Sele no ocupa que el Macho se rape, sino que cambie de mentalidad, que juegue distinto, la suerte nos favoreció en la SapriHora, pero nos vimos pésimos contra los hondureños", y otra aficionada manifestó lo siguiente: "¡Muy bien por los ticos y la Sele! !Lástima que el Macho nos haga sufrir tanto!", pero también entre los miles de posteos se leen mensajes positivos por la clasificación.
Ese es el sello del "Machillo". Le pasó con Alajuelense, a la que dio cinco títulos nacionales, algunos de ellos heroicos, porque, francamente, Herediano parecía superior a la Liga, pero igual muchos manudos le recriminaban su fútbol poco vistoso.
Además del estilo con énfasis defensivo, en el que procura no arriesgar más de la cuenta, salvo cuando está con el agua al cuello, se le cuestiona a Ramírez que empatase tres de los cinco partidos disputados como local en la hexagonal de Concacaf (ante Panamá, México y Honduras, los dos últimos igualados en el último suspiro), pero también se le reconoce que fuera del Estadio Nacional lograse victorias en Estados Unidos y Trinidad y Tobago, además de un meritorio empate en San Pedro Sula.
Conclusión del columnista: Ramírez sí se merece seguir. Primero, porque, a diferencia de Marvin, cuenta con mayor rodaje internacional. Como jugador, disputó el Mundial Italia 90 en condición de titular, y como asistente técnico ganó la Liga de Campeones de Concacaf y el tercer lugar del Mundial de Clubes con Saprissa y, ya como DT, llevó lejos a Liga Deportiva Alajuelense en la liza regional, cuando ya los mexicanos se habían apoderado de las copas. Y súmele la trayectoria que ha acumulado como seleccionador, en Uncaf, Copa Oro, Copa América Centenario, eliminatorias y fogueos de postín, como la visita con victoria a Rusia.
Segundo, porque tácticamente su estilo, aunque no sea agradable a la vista, coincide con la fórmula que les dio éxito a Milutinovic y Pinto. Tercero, porque los mundiales se prestan más para que los rivales encimen a Costa Rica, lo que nuestra selección ha aprovechado históricamente para exhibir lo mejor de su ADN (solidez defensiva y calidad para contraatacar), a diferencia de los partidos de eliminatoria como local, donde le corresponde proponer. Súmele una razón más: la empatía con los jugadores, que le permite convencerlos de jugar a su manera en medio de una sana camaradería (véase el rape que le hizo Keylor Navas), sin por ello perder autoridad.